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El clamor de la Amazonía en Colombia ante el avance del coronavirus

El sabio indígena Antonio Bolívar, actor principal de la película "El abrazo de la serpiente", murió con síntomas de Covid-19.

Por Juan David Parra Orozco (*) especial para NOVA

Si hay una ciudad o un lugar que puede encarnar la desolación por la actual crisis ocasionada por el Covid-19 en cuanto al nivel de riesgo y amenaza, preparación y recursos para enfrentar los contagios, abandono estatal y olvido de la sociedad; podremos mirar hacia Leticia la capital de la Amazonía.

El Amazonas es un vasto territorio de enorme biodiversidad, irrigado por ríos caudalosos, de incalculables riquezas arbóreas. La Amazonía es así mismo el territorio ancestral de variadas comunidades indígenas que han sufrido a lo largo de los años el olvido y el abandono por parte del Estado Colombiano.

Esta situación favoreció la presencia de grupos armados irregulares dispuestos para la explotación de las diversas riquezas mineras o hídricas y para establecer un régimen de cultivo, procesamiento de la planta sagrada de la Coca devenida en alucinógenos para su comercialización ilegal.

La Amazonía es un territorio de límites porosos con Brasil y Perú. Esas extensas y difusas fronteras, la migración permanente, el tránsito irregular de personas en un enorme espacio tan difícil de ser controlado por el ejército o por funcionarios del Estado Colombiano genera condiciones que desde hace muchos años acrecienta el sin número de problemas sociales: hambre, desnutrición infantil, poco acceso a la educación y la cultura por ende analfabetismo, ausencia de justicia de las autoridades legítimas, pocos recursos para la salud, precaria infraestructura hospitalaria.

Así agarró a la Amazonía colombiana el virus que ataca al mundo, el COVID 19. El pulmón del planeta está ahora amenazado, paradójico que un virus que no permite respirar bien se instala con mayor fuerza en el territorio más biodiverso y en el espacio que oxigena a toda la tierra.

En estas circunstancias el virus del Covid19 es cada día más difícil de controlar, las autoridades sanitarias no logran hacer un seguimiento a los casos, pero se menciona en diversos medios un poco más de 10 muertos solo en los últimos días, mientras que el número de los infectados en las primeras semanas de mayo subió rápidamente de un centenar a otros cien. Alcanzó a registrar en los datos del INS (Instituto de Salud que hace las pruebas y registros oficiales en Colombia) un mayor número que Bogotá cuando al final de la primera semana de mayo se contabilizaron para todo el departamento de la Amazonía casi doscientos infectados.

La enorme frontera de carácter natural y paisajístico con el Brasil en dónde las medidas para controlar la pandemia han sido escasas e inoperantes es ahora un alto riesgo porque por muchos años los pobladores se acostumbraron a pasar entre un país y otro.

De Bogotá normalmente solo han llegado turistas; las frutas, vegetales, insumos llegan de los países vecinos. La población de Manaos capital brasileña de la Amazonía ya registra más de 6.000 contagios, todo un caos que se extendió por las diferentes ciudades de la región hasta llegar a Tabatinga, nombre que en lengua ancestral Tupí significa casa de barro pequeña, es la ciudad más cercana al paso con Colombia, la puerta de entrada del virus.

Si le resignificamos el nombre indígena de la ciudad Brasileña colindante con Leticia, capital del Amazonas colombiano, podemos decir que por el gran descuido que hemos tenido con nuestra casa común: la naturaleza, la selva, el cuidado de fuentes hídricas; ahora es por allí por donde se nos está colando la mayor tragedia de esta pandemia que hace tambalear la vida de las comunidades indígenas habitantes propios del territorio.

Con unas estructuras físicas hospitalarias muy precarias y con la gran diversidad de comunidades indígenas esparcidas por la inmensidad de la selva a quienes no les ha llegado una información oportuna sobre el Covid 19, menos una ayuda física y la garantía de su alimentación el riesgo y la crisis en esta región colombiana resulta evidente.

Si de un lado los colonos en la ciudad de Leticia se descuidan por el afán de continuar con su economía informal, en los territorios más lejanos de la selva no hay ni señal de la televisión ni que hablar de una conexión a internet. No hay una comunicación institucional que haga sentir a las poblaciones indígenas como parte del país.

Además, esta enfermedad no está en la cosmovisión de muchas de las comunidades ancestrales. Por tradición ellos han centrado sus saberes en los taitas, los mayores, los caciques, los viejos quienes son los portadores de la sabiduría son ellos quienes orientan a la comunidad para sus rituales, sus riegos, sus curaciones con plantas, sus bebidas sagradas comunales y ahora no comprenden por qué razón las autoridades que nunca han estado presentes les obligan a confinarse en sus resguardos o les prohíben juntarse para sus ceremoniales. Para un anciano de una tribu indígena si un mal (virus, enfermedad, hambre) no aparece entre sus sueños entonces no adquiere forma real.

Los mayores indígenas dicen que por estos días no logran captar mensajes oníricos en relación con la pandemia, lo que un chamán no ve en sus sueños entonces o no existe o no le pertenece. Resulta que el Covid-19 es justo un virus traído de afuera de otros ecosistemas y por lo tanto ellos no lo pueden ni nombrar en sus cosmovisiones, no entienden las medidas que les imponen.

Por la marginalidad en que han vivido los indígenas, por la falta de adecuados recursos económicos, por la precaria alimentación de los niños, las mujeres embarazadas o bien los hombres mayores indígenas empobrecidos, todas las comunidades que habitan la Amazonía Colombiana se encuentran en alto riesgo de contagio y muerte.

Una película del cine colombiano “El abrazo de la serpiente” (Ciro Guerra, 2015) narra la vida de un viejo sabio indígena: Karamakate, es un chamán que orienta a dos exploradores foráneos de la Amazonía. El filme narra dos historias en dos épocas diferentes, una a inicios del siglo XX y la otra cuarenta años después. Es el periodo conocido como el de la casa Arana que se dedicó a la explotación del caucho y explotó la mano de obra indígena, los desplazó y violentó.

En la primera parte de la película el alemán Theodor Koch-Grünberg, etnólogo que ha explotado por años la Amazonía cae enfermo y va en busca de un joven Karamakate para que le insufle savia vital por las narices, luego emprenden una travesía en busca de la planta sagrada Yakruna.

Antonio Bolívar fue un sabio indígena amazónico, protagonizó a sus 70 años la película “El Abrazo de la serpiente”, interpretó a Karamakate papel que lo hizo célebre, viajó al Festival de Cannes y obtuvo el reconocimiento de la industria cinematográfica.

Esta película de Ciro Guerra compitió a mejor película extranjera en los premios Oscar con lo cual el actor/indígena Antonio Bolívar también se acercó a la gloria de Hollywood, su rostro quedó registrado en pasarelas y posó al lado de famosos actores como Sofía Vergara y Leonardo Di Caprio.

Resulta que el sabio indígena Antonio Bolívar ha muerto en este mes de mayo luego de padecer los síntomas del Covid-19. En los días más críticos de la enfermedad debió ser remitido al único hospital donde en Leticia pueden atender, el San Rafael ahora intervenido por el gobierno nacional. Bolívar padeció por la falta de infraestructura, protocolos de atención y prevención en Leticia.

El anciano que se convirtió en actor al final de su vida pasó sus últimos años como figura pública en el Amazonas, atendiendo a turistas y echando cuentos propios de un buen narrador de la selva al tiempo que combinaba con algún viaje para publicitar la película “El abrazo de la serpiente” por la cual en algún momento dijo que había sido poco lo que le pagaron por su trabajo en ella.

Así que se la pasó intentando recaudar fondos para mejorar su vivienda o con el deseo de poder protagonizar algo más del cine colombiano. Al final de su vida Bolívar el sabio Karamakate volvió aparecer en los medios para ser registrado como una víctima más del Covid19 y como símbolo de las comunidades indígenas que ahora se encuentran acorraladas por los problemas de siempre: abandono, hambre, miseria, explotación y un virus exógeno de su hábitat.

Con sus rituales, sus conocimientos de medicina ancestral, sus sueños las comunidades del Amazonas colombiano quieren conjurar otro mal con el cual la cultura Occidental las ataca.

Camilo Suárez fue un diputado del partido Alianza Verde en la Amazonía. Líder indígena pertenecía a la etnia Murui (uitototos) a inicios del mes de mayo grabó un video para hacerlo circular en el cual interpelaba al Presidente Iván Duque por la situación de su departamento, con un único hospital público con precariedad de recursos para atender a los pacientes y con una diversidad de comunidades indígenas dispersas en amplios territorios selváticos a quienes todavía no les llega ningún tipo de ayudas.

Suárez le expresó al presidente: La Amazonía también es Colombia y hoy necesitamos una ayuda urgente. Pocos días después de dejar su testimonio el Diputado Camilo Suárez murió con los síntomas del virus, esperando los resultados de una prueba de Covid-19 que nunca le llegó. La Amazonía sigue esperando la intervención urgente y dedicada del estado para preservar a las comunidades indígenas.

El actor colombiano, el indígena Antonio Bolívar nos habló en su lengua ancestral en la película de Ciro Guerra: “El abrazo de la serpiente”. Lenguas que no comprendemos muchos colombianos o que ni sabemos que existen, lenguas de las múltiples familias del Amazonas que urge cuidar y preservar. En esa variedad lingüística hoy se hace de nuevo el llamado: Amazonas también es Colombia. Esperemos una pronta respuesta y una eficiente intervención, que esta realidad no sea un mal sueño o se convierta en una película de terror.

(*)Colombiano. Estudiante del Doctorado en comunicación de la UNLP. Adelanta una tesis

 
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